
Legislador provincial del Frente para la Victoria y dirigente del Movimiento Evita y la Corriente Nacional de la Militancia, Fernando “Chino” Navarro es una de las voces del kirchnerismo que pesan fuerte en la provincia de Buenos Aires. En la entrevista con Debate, analiza el conflicto que se suscitó entre el gobierno nacional y el provincial por el retraso en el pago de aguinaldos a los estatales bonaerenses y señala que el gobernador Daniel Scioli hoy está frente a “una encrucijada”. También se refiere a la fractura de la CGT, al estado de las finanzas provinciales y a las iniciativas que buscan estatizar el manejo de las salas de juego en la provincia.
¿Qué lectura política hace sobre el retraso en el pago de los aguinaldos en la provincia de Buenos Aires, que si bien ya está resuelto, evidenció ciertos conflictos entre Scioli y el gobierno nacional?
Los debates, el planteo de matices, incluso las discusiones fuertes son necesarias para poder construir una síntesis en el camino hacia la unidad y la construcción de mayorías. Pero este debate que se dio en la provincia de Buenos Aires, y que se va a seguir dando, tuvo mucho más volumen a partir de que Daniel Scioli, desde mi punto de vista apresuradamente, planteó su aspiración a ser candidato. Los grupos mediáticos monopólicos no inventaron la candidatura de Scioli, pero se montaron sobre esa postulación para intentar generar o ampliar esas fricciones dentro del movimiento nacional. Entonces, se produce todo tipo de suspicacias y especulaciones sobre si la Nación le daba o no el dinero para castigarlo, disciplinarlo…
¿Es sólo una cuestión de resonancia?
Si uno toma de 2003 para acá, el FPV siempre debatió. El propio Scioli planteó el primer debate serio cuando, siendo vicepresidente a cargo de la presidencia, sostuvo las posturas de no hacer seguidismo de Lula en materia de política exterior y de aumentar las tarifas de los servicios públicos. Ambos temas, luego, fueron dos ejes centrales de la gestión nacional, aunque claro que no desde la posición que había marcado Scioli. También se generó otro debate profundo en 2005, en la provincia de Buenos Aires, cuando se rompió la alianza con el PJ bonaerense conducido por Duhalde, con muchos dirigentes que hoy están con nosotros, como José María Díaz Bancalari y Julián Domínguez, que eran parte de aquella estructura que enfrentamos y que hoy son dirigentes importantes en el proceso político que conduce Cristina. Es decir, que no son debates personales.
El ministro Florencio Randazzo afirmó que Scioli pertenece al FPV, pero que Hugo Moyano ya es parte de la oposición. ¿Coincide con esa perspectiva?
Lamentablemente, creo que Moyano se aleja cada vez más. Decididamente, cruzó el Rubicón al revés y se paró al lado de los grupos económicos y de quienes trabajan para empobrecer al pueblo argentino. Nosotros cantaríamos algunas de sus consignas, pero son amplificadas por aquellos que quieren que el pueblo siga subordinado a esos grandes intereses económicos. Es doloroso, porque Moyano fue importante en los noventa luchando contra el modelo neoliberal, contra la Banelco, en la 125. Hoy tiene menos poder, no es el Moyano que juntó casi medio millón de personas hace un año pidiendo la reelección de Cristina. Pero también tenemos que ser conscientes de que nosotros tenemos menos poder. Debemos hacer un gran esfuerzo para que estas cosas no ocurran, porque necesitamos consolidar una gran mayoría.
¿Entonces?
Ojalá que Moyano vuelva, que se arrepienta, que corrija sus errores. Tomaremos esa frase que dijo Cristina y no le vamos a preguntar de dónde viene sino para dónde va. Por su parte, creo que Scioli está en una encrucijada. Y lo digo con preocupación, porque dentro del kirchnerismo, desde el Evita fuimos una de las organizaciones que más lo apoyamos, incluso generándonos debates en el seno del propio kirchnerismo.
¿Cuál es esa encrucijada?
Creo que Daniel fue un soldado de este proceso. Eso quedó claro durante el conflicto por la 125 o en las testimoniales de 2009. Pero ahora oscila y duda con respecto a si este proceso a esa Argentina sin pobres, como quiere Cristina, se puede resolver o no a partir de la confrontación con los grupos económicos. Se plantean diferencias de forma, que surgen naturalmente, preguntándose si no es mejor si nos sentamos y consensuamos. Y es algo que se le escapa al propio Moyano, cuando en el acto de Plaza de Mayo habla sobre la unidad entre los trabajadores y los empresarios. Y esa unidad no es posible, porque siempre beneficia a los empresarios. Puede haber acuerdos y pacto social, pero con un Estado arbitrando siempre a favor de los trabajadores. Es una idea que circuló mucho desde los noventa hasta 2001, con una política que debía subordinarse a los grupos económicos.
Una suerte de “democracia de la derrota”, en términos de Alejandro Horowicz.
Una democracia administradora de la crisis y no una democracia que busque resolver las grandes cuestiones estructurales que están pendientes desde hace décadas. Entonces, esa encrucijada tiene que ver con esa vocación de dialogar con todos. Obviamente, la política requiere diálogo y la ampliación de consensos, pero tenemos que tener en claro que se deben hacer en el marco del movimiento nacional. Y hay actores que no forman parte del movimiento nacional.
¿A quiénes se refiere?
Un sindicalista como Luis Barrionuevo, un ex ministro como Roberto Lavagna, que cumplió funciones importantes en el gobierno de Kirchner pero que el principal debate que planteaba era hasta qué punto confrontábamos con los sectores financieros y los organismos multilaterales y era más propicio a defender esas posiciones que las del gobierno nacional. O con Francisco de Narváez y Mauricio Macri. Por más que la foto se caratule como deportiva, muestra que claramente hay una confusión o una duda en Scioli. ¿Por qué digo que hay una duda? Por esa debilidad de la política argentina de conversar con los embajadores, con los CEO o los dueños de los grupos económicos y consultarlos. Una cosa es conversar y discutir qué modelo de país queremos -pero siempre en función de los intereses de los más humildes- y otra es consensuar en función de ese “veamos cómo mejoramos pero no afectemos los intereses de los grandes grupos económicos”.
¿Y qué cree que puede suceder en ese sentido?
Daniel es una gran persona, un gran compañero, con el que siempre encontramos la posibilidad de debatir. Pero tiene que confiar en ese pueblo que lo votó y que quiere ir por más. Quiere ir por más trabajo, más salud, más educación. Y está dispuesto a acompañar si hay dirigentes que lo llevan a militar y a construir esa Buenos Aires justa. Nosotros lo acompañamos en su reelección porque había hecho muchas cosas buenas, aunque había algunas cosas por corregir. Por ejemplo, en nuestro caso siempre planteamos nuestras diferencias con el tema de la seguridad. Pero necesitamos que no dude más y vuelva a ser ese Daniel Scioli de la 125 y de las testimoniales y que nos acompañe, porque tiene un lugar para transitar en el Frente.
LA GESTIÓN PROVINCIAL
En el conflicto por el pago de aguinaldos, afloró el tema de la administración del juego en la provincia.
En la provincia de Buenos Aires, también aparece un tema de gestión, que ya no tiene que ver con el posicionamiento político del gobernador: Scioli podría ser el gobernador más ligado a Cristina, el que más empuja las políticas del gobierno nacional, pero su gestión no es buena. Y, en realidad, me refiero a “nuestra gestión”, porque soy legislador provincial oficialista y me tengo que hacer cargo de que somos parte de este Gobierno.
¿Cuáles son las deficiencias del gobierno provincial?
No hubo una buena previsión del año fiscal, porque no podemos darnos cuenta de golpe que no podemos pagar el aguinaldo. Hubo una improvisación, porque si no, no hubiésemos decidido dictar en pocos días una Ley de Emergencia Económica Provincial, luego buscar adherir a la ley nacional, luego descubrir que ya habíamos adherido. O decir que pagamos en cuatro cuotas y luego en tres y luego en dos. Es una imprevisión importante. Como legisladores no debemos molestarnos cuando la Presidenta señala que hay que administrar con mayor rigurosidad, porque es algo absolutamente cierto. Así que tenemos que abocarnos a gestionar y prescindir de candidaturas, de conformar organizaciones internas, de dar debates por cuestiones menores.
Dijo que la gestión de Scioli no era buena, que hubo imprevisión presupuestaria. Sin embargo, se podría decir que la provincia presenta problemas estructurales, ligados también a la Ley de Coparticipación.
En primer lugar, la crisis estructural de Buenos Aires es absolutamente cierta. Hace más de 16 años que la provincia recibe un porcentaje de coparticipación inferior a lo que le corresponde. También es injusto el congelamiento del Fondo del Conurbano que se hizo por decisión de Domingo Cavallo en 1996. Son cuestiones que hay que revisar. No se les pueden atribuir ni a Scioli ni al actual gobierno nacional estas situaciones, pero deben ser resueltas; en especial, lo del Fondo del Conurbano. Pero también consideremos, con respecto al Fondo del Conurbano, que ese dinero era girado por la Nación para obras públicas en el Conurbano. Y si uno considera el volumen de dinero que la Nación le ha girado a la provincia y a cada uno de los municipios, la cifra es muchas veces superior a lo que les correspondería por ese fondo. Entonces, ése no sería el problema a resolver, pero sí el de la Coparticipación.
Que requiere consensos muy amplios.
Sí, requiere la unanimidad de todos los gobernadores, tal como lo establece la Constitución. Pero cuando señalo que hubo un problema de gestión con respecto a la imprevisión del año fiscal es porque, justamente, este tema no es novedoso. Por lo tanto, hay que tomar precauciones y anticiparse a este tipo de situaciones. No considero que haya que personalizarlo en Scioli, porque implica a todo el poder político oficialista de la provincia, cada uno desde el lugar que le toca desempeñarse. Todos juntos tenemos que resolver, con mucha audacia y con mucha imaginación, estos problemas, sin afectar los intereses de los trabajadores y de los más humildes, sino obteniendo recursos de los sectores poderosos. También debemos discutir cómo ejecutar esos recursos.
¿En qué sentido?
Se puede decir que tales porcentajes de publicidad o destinados a espectáculos en la Costa no resuelven los problemas de fondo. Es cierto. Pero también, cuando uno tiene actitudes gestuales en las políticas y en las inversiones presupuestarias, está marcando un camino a la ciudadanía y a toda la gestión. Por otra parte, cuando uno va sumando, pese a que parece poco y que no resuelve el problema de fondo, ayuda. También hay que dejar en claro que no es justo que se achaque la responsabilidad al gobierno nacional sobre lo que pasó en la provincia de Buenos Aires, porque ha recibido ayuda, como siempre.
Aunque fue menor a la del año anterior.
Es cierto, pero 2011 no fue un año en el que la Argentina tuvo que encarar una crisis internacional como la actual, que afecta tanto a la Eurozona como a los países de la región. Las acciones del gobierno nacional son similares a las de 2008 y 2009, cuando se previó que gran parte de los fondos se volcaran a defender el mercado interno y el consumo. Por eso, tenemos que partir de diagnósticos serios.
Al comienzo de la entrevista señaló que el poder político y sindical de Moyano hoy es menor, pero que su ruptura también representaba una mayor debilidad para el FPV. ¿Cómo se logra reconstruir esa mayoría?
Soy consciente de que Moyano es más débil que antes y que también debilita al frente, pero no porque el movimiento obrero se vaya detrás suyo. Es una cuestión de superestructura, que no es menor, pero lo esencial son los trabajadores. Y la mayoría votó y va a votar a Cristina. El kirchnerismo alcanzó el punto más alto en la construcción de mayoría electoral con ese 54 por ciento que logró Cristina en las presidenciales de octubre. Fue mucho mayor al magro 22 por ciento de Néstor en 2003 o a los votos obtenidos en 2009. Además, a ese 54 por ciento, hay que adosarle una militancia genuinamente ligada a la conducción de Cristina que hasta 2008 y 2009 no teníamos y que se encarna en La Cámpora y en otra innumerable cantidad de organizaciones políticas y sociales. Así que no me cabe duda de que las mayorías están con este proceso político. Lo que nos falta es definir las estructuras políticas que les den cauce, contención y desarrollo a esas mayorías.
Fuente:Debate








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