
“No conozco ningún vicegobernador que se llevara bien con el Gobernador, salvo el caso de Oscar Alende con Arturo Crosetti”, dijo el senador nacional Aníbal Fernández para justificar a Gabriel Mariotto. Cierto es que la historia de la Provincia tiene vasto derrotero en las peleas entre el uno y el dos, con el punto más extremo en la dupla formada por Oscar Bidegain y Victorio Calabró.
La puja de estos días entre Daniel Scioli y quien lo acompañó en la fórmula el año pasado está más cerca del suceso protagonizado por el binomio peronista de los ‘70 que por la comunión de los radicales de fines de los ‘50.
Scioli y Mariotto están en medio de un divorcio contradictorio, en rigor, consecuencia de la separación a la que la Casa Rosada, ergo Cristina Fernández de Kirchner, pretende conducir al mandatario. Muchas cuestiones se cuelan en la pelea del binomio.
La disputa por cómo resolver la relación de la Provincia con las empresas explotadoras del juego; el objetivo seducción de los intendentes por parte de Olivos a través de obras directas que aíslen al Gobernador del armado político; y, en medio de la tormenta, en qué situación se encuentran los ministros de Scioli, constituyen tres aspectos abordados en este número de La Tecla para profundizar en la controvertida situación política bonaerense.
Cerca de Scioli están convencidos de que “el objetivo es que Daniel se vaya, buscan que deje la Provincia, pero no lo va a hacer”. La principal espada para sostener esta postura es, una vez más, el reflejo de la opinión pública.
Se asegura que Scioli respiró aliviado cuando le acercaron un sondeo de una consultora con aciertos importantes en las últimas elecciones, que mes a mes registra los movimientos de la imagen pública de los principales actores políticos. “Scioli no bajó y Cristina cayó unos cinco puntos”, dejaron trascender.
Ya nadie esconde la separación de hecho. Pese a que consideran “muy probable reencauzar el diálogo con la Presidenta”, los hombres del Gobernador no dudan: “La andanada de los alcahuetes sin votos va a continuar”. No apuntan sólo con esa chicana a Mariotto.
Van más allá, y es allí donde resurge la mano de Cristina Fernández como responsable de una estrategia que en el sciolismo describen “violenta y despiadada”. Esperan, como si estuviera escrito en el manual de la política electoralista, “carpetazos de la SIDE, intentos de juicio político y esas cosas que han hecho con la oposición pero que hasta ahora a Scioli no lo mellan”.
La escalada verbal tiene pocos límites. El vicegobernador atacó con todo desde un acto en Vicente López. Despechados, legisladores paridos por el sciolismo lo cruzaron con chicanas y hasta pedidos de renuncia. Puso un coto Alberto Pérez con su advertencia: “Todos deben terminar sus mandatos”. Volvieron a surgir voces de Capital cuestionadoras del accionar del mandatario provincial. “Scioli ordenó frenar las respuestas y gestionar”, contó a La Tecla un alto funcionario.
En la casa del Gobernador aseguran que quieren echarlo, que el divorcio incluye dejarlo sin techo. Ellos dicen que no se van, y se muestran, como siempre, conciliadores. Por ahora se basan en que la gente del barrio los quiere ahí, y ésa es la mejor defensa, aunque le golpeen la puerta cada vez con más fuerza.
Fuente: La Tecla








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