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"Aporte informativo orientado a una mejor comprensión de la realidad política, hacia la profundización de nuestro proyecto nacional y popular".
Equidad para educar y comunicar
El actual diputado nacional Mario Oporto fue director general de Educación y Cultura de la provincia de Buenos Aires durante los períodos 2001/2005 y 2007/2011. Entre medio de esas dos gestiones, fue jefe de gabinete del gobierno de Daniel Scioli. Además, es presidente de la comisión de Comunicación e Informática de la Cámara de Diputados. La persona indicada para hacer una evaluación sobre lo logrado y lo faltante en lo que él mismo define como el sistema educativo amplio: “Los medios masivos de comunicación tienen un papel educativo con el cual la escuela debe competir y convivir”.
–Luego de dos gestiones al frente de Cultura y Educación, qué pudo y qué no pudo hacer?
–Lo que me propuse y pude hacer fue desestructurar la ley federal. Una ley que era, por diversas razones, rechazada en su conjunto, con una educación básica de nueve años que se había primarizado y con ese compacto de la secundaria que era la educación polimodal. Ese rechazo, además de sus falencias, motivó que concluyera en un fracaso. Por lo tanto, pude hacer una primera etapa de ir desmontado esa ley, secundarizando el tercer ciclo. Y, en el segundo mandato, pude decir que aquella ley en la Provincia de Buenos Aires ya no estaba más, que no había más polimodal y que se iniciaba un nuevo secundario de seis años.
–¿Eso estaba en consonancia con lo que sucedía en el país?
–Fuimos un poco la avanzada, vanguardia de la educación junto a otras provincias. Hubo una, como la Ciudad de Buenos Aires, que nunca aplicó la ley. Pero nosotros fuimos avanzada y tomamos algunas medidas tempranas que después estuvieron en la nueva ley nacional. En mi última intervención en la Legislatura, antes de terminar el primer período, dije que habíamos hecho casi todo para desmontar la ley y que había que hacer una nueva legislación, ya que los límites eran legislativos. Dentro de eso, otra cosa que se pudo hacer fue la reconstrucción de la escuela técnica, que luego tuvo un impulso muy grande con la ley de educación técnica, por la gran cantidad de inversión que hubo en estos años. Funcionaron las paritarias y fueron exitosas: un ámbito democrático donde discutir las condiciones laborales de los docentes y los proyectos educativos.
–¿Se puede decir que terminó su mandato y se cayeron las paritarias?
–No, no, yo también tuve muchos conflictos. Juego con ventaja porque se mira mi gestión globalmente en los 10 años mientras que a la nueva gestión se la mira coyunturalmente. En el día a día de mi gestión hubo conflictos parecidos. Pero sigo creyendo en las paritarias. Aunque se fracase hay que volver a sentarse a discutir. Con esa política, logré la gobernabilidad del sistema, que desde 2001 venía destrozado.
–¿Qué ocurrió con la territorialización del sistema educativo?
–Logramos una buena organización en regiones, con conducciones únicas de los supervisores por distrito. Se lograron pagar deudas de inequidades muy grandes: que todos los chicos tuvieran la misma carga horaria de educación física, la misma oferta de artística, inglés desde cuarto grado. Reconstruimos, a partir de nombramientos en cargos que habían estado suspendidos durante mucho tiempo, la escuela en toda su dimensión, con personal administrativo, bibliotecarios, auxiliares: cargos fundamentales para que el director y los docentes se dediquen de lleno a la enseñanza. Capacitamos muchos docentes e hicimos un inmenso avance en la educación superior, tanto técnica como de formación docente, dando un carácter terciario más autónomo, más parecido a la universidad, aunque todavía falta bastante. Pusimos punto final a las sospechas de municipalizar la educación y logramos que se sacara del debate la derogación del estatuto del docente. Hicimos crecer la matrícula y la calidad, aunque no todo lo deseado. Me parece que la calidad educativa es algo que veremos en los próximos años. Pudimos establecer que toda formación docente fuera de cuatro años, casi la escolaridad completa de la sala de cinco, avanzamos en la de cuatro. Pero no llegamos a establecer la de tres y no pudimos construir todos los jardines que hacían falta en la provincia: faltan entre 400 y 500.
–Usted dice que los logros se verán en la década siguiente. ¿Están afirmadas esas bases como para que un futuro gobierno, sea del signo que sea, no las modifique?
–Los objetivos están claros. Nosotros tenemos que universalizar la escuela inicial, tenemos que extender el horario de la escuela primaria y universalizar el egreso de la secundaria, además de bajar la repitencia en primaria. Debemos lograr que todos los alumnos que egresan de la primaria lo hagan con una excelente formación en lectura y escritura y bajar la deserción o el ausentismo de la secundaria.
–Parecen objetivos del siglo XIX...
–En América latina hay deudas del siglo XIX, deudas del siglo XX y deudas del siglo XXI y todas se deben pagar y resolver con los instrumentos que tenemos a mano. Pero me parece que las carencias deben hablarse desde un lugar de progreso, de crecimiento. Hay quienes las hablan desde una visión de retroceso, de crisis, de tragedia. Estamos mejor que hace una década y lo que hay que mantener es esta extraordinaria decisión del Gobierno Nacional de invertir más del 6% del PBI en educación. Sé que se discute que mejor sería seguir creciendo y tener más de ese porcentaje. Pero si crece el PBI o se mantiene y nosotros tenemos continuidad en ese 6%, vamos a tener muchos frutos. Logramos esto en 2010, y dos años, en educación, es nada. Si logramos una inversión sostenida y sin retrocesos en una década, los cambios serán enormes. Lo sentí como ministro: no me sobraba mucho pero tenía buenos presupuestos. Y siempre sirvieron para pagar lo adeudado más que para planificar.
–En relación con otros países de la región, ¿cómo está la Argentina en el terreno educativo?
–La Argentina tiene una gran escolaridad por su larga tradición de alto nivel educativo. Nuestra mayor dificultad es retener y aumentar la calidad del egresado. Pero tenemos que entender que la calidad es social: si ampliamos la matrícula, la calidad aumenta. De todas maneras, no hay que negar los problemas. Una buena gestión es aquella que detecta los problemas y plantea estrategias para resolverlos.
–¿Cuáles serían hoy los grandes problemas?
–Que el sistema crezca, que más chicos durante más tiempo vayan a la escuela en igualdad de condiciones, públicos y privados, con los mismos estímulos. Este crecimiento, que implica escuelas bien equipadas, con personal de apoyo administrativo, con bibliotecas y bibliotecarios, con gabinetes multidisciplinarios, con los docentes suficientes y que atiendan menos alumnos por curso, significa una gran inversión. Casi toda en masa salarial, ya que eso se hace con profesionales bien pagos. Tenemos que discutir cómo vamos a hacer para lograr esa inversión. Tengo claro que hay mucho dinero hoy, y que ese dinero no genera resultados de calidad inmediata. Pero tenemos que entender que, si no crecemos, fracasamos. Y hay que sostener financieramente el crecimiento. Eso hay que debatirlo tranquilamente, con serenidad, para determinar, a futuro, cómo serán los cargos docentes, cómo queremos que sea la escuela. El financiamiento y democratización de la educación son los dos grandes temas para el debate público.
–Teniendo en cuenta que hay sectores bastante renuentes al diálogo, ¿se puede debatir con tranquilidad y solvencia en este momento?
–Creo que sí: la ley nacional y la ley provincial fueron de mucho consenso, por lo que el diagnóstico está casi hecho. La educación tiene una función conservadora: conservar cultura, transmitir patrimonio histórico. Y tiene una función innovadora: formar para el cambio, para la transformación. Los objetivos están claros, el programa está hecho: faltan las leyes, los instrumentos para aplicarla. Y eso se puede hacer con serenidad, siempre y cuando sepamos que las cosas no se van a solucionar de un día para el otro.
Fuente: Miradas al Sur
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