Parto de la base de que, como sostengo siempre, en un sistema democrático quien agrede lleva las de perder. El que se erige en victimario logra abroquelar a gran parte de la sociedad en su contra. Y Magnetto volvió a cometer ese mismo error de mostrar su naturaleza de victimario de la sociedad argentina. No voy a repasar aquí su sociedad con la dictadura militar, la aberrante apropiación de Papel Prensa, los ataques al gobierno de Raúl Alfonsín, la centralización y monopolización de los años noventa, sino que simplemente voy a recordar los dos errores de Magnetto que pusieron en crisis al propio Grupo Clarín.
El primer error estratégico que cometió fue romper el contrato de lectura con sus clientes. Entre 2008 y 2009, Clarín puso por encima de su supuesto deber de informar el objetivo de voltear al gobierno con un par de tapas opositoras consecutivas. Pero lejos de caerse el kirchnerismo, quien salió herido fue el propio Grupo, ya que al mentir para atacar al Ejecutivo se llevó puesta la credibilidad que había construido con sus lectores a lo largo de varios lustros. La construcción de la imagen de periodismo "independiente", "neutral", "desde la gente" –el gran engaño de objetivación que había logrado el Grupo– quedó eclipsada por la campaña antikirchnerista que llevó adelante hasta el paroxismo de la ridiculez. Hasta los propios clientes de Clarín tomaron conciencia de las miserias periodísticas que engendraba el Grupo. Perdió rápidamente prestigio y credibilidad, los dos pilares que sostenían.
El segundo error fue perseguir a Caballero, Russo y Vicente. ¿Por qué? Porque de esa manera echó por tierra el tótem más importante que tenía el Grupo: la Libertad de Expresión. Hoy ya todos los argentinos sabemos que intenta coartar ese derecho con más asiduidad el Señor Magnetto que el gobierno nacional. No es poco. El intento de acallar las voces opositores pone a Clarín otra vez en contradicción con los pilares propios de legitimidad.
Del primer caso, surgió el "Clarín Miente", del segundo surgirá otro latiguillo que lo pondrá en ridículo. Y pone en verdadera crisis al Grupo porque lo coloca en contradicción con sus propios fundamentos. Quien debería informar, deforma; quien debería defender la libertad de expresión, la conculca. ¿Es desesperación? ¿Es el prólogo a una maniobra genial y maldita? ¿Ha dejado Magnetto de ser infalible? ¿Habrá vencido esta batalla la Democracia argentina, finalmente?
Fuente: Tiempo Argentino, Por Hernán Brienza
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