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No habrá más deuda ni olvidos

miércoles, 28 de noviembre de 2012 0 comentarios

Argentina está frente al espejo de su propia historia.
Libres o esclavos. Unidos o dominados. Democracia o corporaciones. Patria o colonia.
Cualquiera de estas disyuntivas refleja y expresa la encrucijada de la etapa que protagonizamos.
Que lo reconozcan o no públicamente, es apenas un artilugio de las pobres almas.
El caso Clarín es revelador, como si Magnetto hubiese decidido jugar todas sus fichas en el último tablero que le queda y al hacerlo, obliga al arco opositor a definirse ahora o nunca, asumiendo como propia la suerte del viejo ordenador de la política argentina.
La estrategia que desarrollan consiste en saturar la pantalla nuevamente con la cantilena de un "cambio de clima", con el presunto "hastío" de una parte de la sociedad para con el Gobierno.
Al no tener argumentos más o menos serios para discutirle al oficialismo, niegan de cuajo la realidad.
El senador radical Ernesto Sanz, por ejemplo, se explayó hace poco sobre el curso económico del país y aseguró que el Gobierno vivía una ficción económica y social. Desde esta mirada no hay discusión posible porque, según estos opositores, no hay crecimiento, no hay desarrollo, no hay ningún avance con el proyecto nacional y popular que gobierna el país. Hermes Binner hizo otro tanto desde la pantalla de TN. Ni hablar de Macri. Se alinearon, como también lo hizo Moyano, obscenamente con el Grupo Clarín.
Usted se podrá preguntar: ¿y qué hay de nuevo en esto?
La coyuntura es lo nuevo. Porque somete a prueba a todos. Como nación, como pueblo y como personas.
Y lo nuevo, entonces, es que el modelo de país ha cambiado. Asistimos a la fase final del modelo anterior y sus remanentes.
Cambió la matriz del sistema económico. Y esa noticia hace mucho ruido. ¿Por qué? Porque ese cambio tiene ganadores y tiene perdedores, o para ser más justos, tiene beneficiarios sociales, por un lado y ya no tiene minorías saqueadoras privilegiadas, por el otro.
La dinámica del proceso político viene acelerada, precisamente, porque a la resistencia final de los dueños del poder de aquel viejo país, se le opone una profundización y aceleramiento de las medidas adoptadas por el proyecto político que lidera Cristina Fernández de Kirchner.
El kirchnerismo logró lo que parecía un imposible histórico: hacernos volver, como pueblo, al mismo punto de satisfacción inclusiva que experimentó el país con el primer peronismo.
Las diferencias con aquella etapa son muchas. La principal, quizás, es que ahora sabemos que la batalla es cultural y que, por lo tanto, la garantía de la paz social recae sobre las espaldas del movimiento popular.
O sea, por más que insistan, nadie pisará el palito de ninguna provocación.
Esa actitud furiosa e intolerante, que se mostró al desnudo en los cacerolazos y en los cortes violentos de su rama sindical, intenta, una y otra vez, provocar un escenario de choque para sacarnos, como proyecto de país, del verdadero ring donde transcurre la puja mayor. Ese ring es el mundo. Así nomás.
Volvamos al principio. Este crecimiento inclusivo se logró con el desendeudamiento soberano iniciado por Kirchner y profundizado por Cristina con la recuperación del ahorro nacional, de YPF, de Aerolíneas y la reparación de derechos sociales varios. Ahí está la cuestión: ni Griesa ni el monopolio Clarín quieren que el caso argentino construya doctrina a nivel global.
A eso apuntan los poderosos: a mostrarle un escarmiento a cualquier pueblo del mundo que se anime a lo mismo. Tarde piaron.
Este país ya no depende de ellos, sino de su pueblo y de su Presidenta.
Fuente: Miradas al Sur

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