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Noviembre en rojo y negro

martes, 4 de diciembre de 2012 0 comentarios
Durante la primavera camporista del '73 me encontré con el entonces recién asumido como diputado nacional Julio Bárbaro. El ahora preferido operador mediático de Héctor Magnetto intentó una de sus consabidas chicanas para explicar su postura política. Según este sofista, en la lucha entre el "ala negra" integrada por el sindicalismo burocrático y el "ala roja" donde nos incluía a militantes y simpatizantes de la Tendencia Revolucionaria y de los gremios combativos, ellos –los derechistas de Guardia de Hierro– eran el centro y esencia del peronismo. Durante los tumultuosos años posteriores, los "guardianes" callarían sistemáticamente los crímenes de la Triple A y muchos de ellos se harían colaboracionistas del proyecto político del ex almirante Massera, en su intento de sumar una pata de traidores peronistas a su mesiánica utopía.
Las tensiones motorizadas por la desesperación y nerviosismo de los sectores del privilegio, con la conducción del Grupo Clarín, han convertido este noviembre argentino en la arena de una guerra donde los agresores fingen el papel de las víctimas y donde enemigos de siempre se alinean con el discurso del poder real. Pedir institucionalidad, respeto a la ley o libertad de expresión fogoneados por el monopolio mediático que incumple serialmente las leyes democráticas es un sinsentido equiparable a la grosería del ruralista destituyente y lamebotas de la Sociedad Rural Argentina Eduardo Buzzi pidiendo la "unidad del campo popular" en el marco de la CGT moyanista y aplaudido por el Momo Venegas, explicando el piquetazo del 20 de noviembre.
Esta lógica binaria, este intento de unir lo imposible con el objetivo de detener o impedir la marcha de lo respaldado por la mayoría, no repara en ningún instrumento en su intento de tensar y dividir a la sociedad. Hipócritamente le endilgan al gobierno una voluntad confrontativa y se sitúan en un hipotético centro aséptico, republicano e inocuo, que se victimiza ante la "persecución" del Estado. La sibilina derecha tiene vergüenza de reconocerse como tal.
La operación encadenada del 8N y el apriete extorsivo del 20 de noviembre, lejos de lecturas conspirativas, es –según quien esto escribe– la puesta en marcha del plan sucesorio que les garantice la vuelta atrás de todas las transformaciones habidas desde 2003. Luego del fracaso del Grupo A y su feria de vanidades, incompetencias y de notorios fracasos en su historia política, Magnetto se ha convencido de la necesidad de poner a la cabeza de su proyecto de entrega y negocios privados, del regreso al neoliberalismo, a algún sector del peronismo conservador dispuesto a cualquier felonía por un puñado de dólares o de algunas migajas del poder. El prospecto Mauricio Macri no cierra sin un fuerte apoyo del duhaldismo residual y de los nostálgicos de la década infame de los '90.
Además se hace cada vez más evidente su incapacidad de gestión, la pobreza de su lenguaje y su falta de apego al trabajo. Y aun así, para convencer a los sindicalistas extorsionadores a quienes Evita les hubiera repetido "el que le hace un paro a un gobierno peronista es un oligarca", ese nombre es difícil de tragar y explicar, aunque les aseguren algunas diputaciones. La unción al ágora pública y mediática de personajes arribistas y resbalosos como José Manuel de la Sota o de Sergio Massa y su máquina de calcular y camuflarse o del gobernador Juan Manuel Urtubey y su sinuosa trayectoria de tradicionalista salteño, puede engañar a algunos sectores peronistas y conformar a los caceroleros ahítos de odio antipopular. Les queda la gran incógnita nacional, el gobernador bonaerense Daniel Scioli en quien nadie confía, por ahora. Porque amaga como Messi y nunca define, como Funes Mori. Acompaña y alaba a la presidenta mientras su secretario de Niñez y Adolescencia y referente de la sciolista "La Juan Domingo" Pablo Navarro invita como orador principal en una mesa sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y sobre peronismo al defensor de los intereses de Magnetto, el descarado Julio Bárbaro. Suman también al lenguaraz Alberto Fernández y su imagen de hombre sensato que abandonó el barco por no estar de acuerdo con el rumbo, ocultando sus cuantiosos ingresos como lobbista de intereses privados, de sus acuerdos subterráneos desde siempre con el Grupo Clarín, de su pasado como promotor de Domingo Cavallo y de la procesista Elena Cruz.
En este combo podrá ingresar algún otro, aunque ya saben que no pueden contar con el radicalismo por la sucesión de desaguisados que jalonan su historia reciente y, aunque manuables, no están en condiciones para gobernar. Y el FAP es una bolsa de gatos.
La guerra es contra el Estado y su función de regulador, articulador y compensador de las asimetrías e inequidades. Cristina lo advirtió: "Cada vez que el Estado se cayó, cada vez que convencieron a los argentinos que el Estado era un estorbo, después vinieron por el pueblo."
Y entre tanto grito destemplado que reclama una libertad que nadie pone en duda, caben las poco transitadas palabras del General Perón en su discurso de apertura de la Convención Constituyente de 1949: "Por el instinto de conservación individual y colectivo, por el sagrado deber de defender al ciudadano y a la Patria, no debemos quedar indefensos ante cualquiera que alardeando de su derecho a la libertad quiera atentar contra nuestras libertades. Quien tal pretendiera tendrá que chocar con la muralla que le opondrán todos los corazones argentinos."
La Patria existe.-
Fuente:Tiempo Argentino

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