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Es necesario tener un pensamiento agresivo

martes, 13 de noviembre de 2012 0 comentarios

"Señores, ¡qué boquita!", protestarían los hipócritas defensores de las buenas costumbres y los modales republicanos; como esos que se rasgaron las vestiduras cuando al "Cuervo" Larroque se le disparó la bronca en la Cámara de Diputados, harto ya de tanta chicana jurídica y discursiva para obstaculizar de cualquier manera la marcha del gobierno popular. "¡Ehee… más respeto!", reclamaron los que a cada rato, si no le faltan el respeto a la presidenta de la Nación, avalan los agravios que se infligen a las mayorías populares (la AUH es para drogarse y jugar, los fondos de las ex AFJP van a la corrupción, matones acarreados a los actos oficiales por un choripán, las Netbook compraron los votos de jóvenes irresponsables, expropiaron YPF para robar… Para qué seguir mentando infamias. Corro el riesgo de que al poner en claro sin maquillaje la pobreza y malignidad de los argumentos de la llamada oposición me digan: "¡Qué falta de respeto a las instituciones!").
Don Arturo Jauretche, en su momento (Los profetas…), sufrió los mismos insultos y descalificaciones. En sus palabras: "Pido disculpas al lector si encuentra agresividad en algunas partes del texto. Yo entré al debate de buena fe, conociéndolos adversarios, y prevenido sobre el pensamiento colonialista que representan. No esperé de ellos revelaciones sobre las raíces profundas de los males que nos afligen, pero soy un combatiente, y entre combatientes vivo y fui a su lectura esperando la crítica como el resultado de meditaciones hechas en la serenidad del laboratorio o del gabinete de investigación. Preveía conclusiones falsas. Pero sólo han salido a las puertas los tachos de los desperdicios. La injuria a personas y a íntegros estratos sociales, la incapacidad total, más que para comprender, para ponerse en actitud de comprensión. Y un fárrago increíble de analogías disparatadas y asimilaciones imposibles, es el contenido único de esos basureros, volcados sobre el país entero, sobre su pasado, sobre su presente y ¡ay!, sobre su futuro."
Es oportuno enunciar una de las fórmulas que explican la obra jauretcheana: "Es necesario tener un pensamiento agresivo." Un pensamiento de nuestro tiempo, sí, nada más lejos de reivindicaciones anacrónicas; pero que no negocie ni renuncie a ninguna de nuestras convicciones; que no se deje acobardar por la salvaje ofensiva gorila; que rechace las tentaciones de los honores y prestigios cipayos; que se atreva a convencer, simplemente, porque tenemos razón: el buen sentido de los que tienen menos que desaprender está de nuestro lado. Un pensamiento que, en esta hora de combate por adelantar camino hacia el futuro, devuelva golpe por golpe a la reacción conservadora.
Fuente: Tiempo Argentino

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